La Federación Española de Baloncesto rubrica en Tánger un convenio para la creación de una escuela de baloncesto
La cara del pequeño Hamid reflejaba felicidad, como la de casi todos los niños cuando juegan. Este pasado martes por la tarde, todavía más, si cabe. Sus ojos brillaban de ilusión y su mirada se elevaba tratando de atisbar su objetivo, el aro, y encestar. A sus 11 años, acababa de recibir uno de los objetos que a un niño más ilusión le puede hacer: un balón de reglamento. De baloncesto en este caso.
Adornaba sus tiros llevando puesta una camiseta roja que también le fue entregada, con una “Ñ” enorme inscrita. La “Ñ” de Eñemanía, el término encuñado para describir la pasión de desató la selección española de baloncesto tras la consecución del título mundial en Japón, en 2006. Al igual que Hamid, otros 350 niños y niñas de entre 7 y 18 años hacían resonar el bote de los balones sobre el parquet en el vetusto pabellón del club de baloncesto Ittihad Ruyadi de Tánger (IRT), en Marruecos.
Y es que la fecha del 27 de mayo quedará fijada como el día en que José Luís Sáez, presidente de la Federación Española de Baloncesto (FEB), se desplazó a Tánger junto con la cúpula dirigente y firmó el convenio de colaboración entre el ente federativo, a través de su brazo de la Fundación Socio-cultural del Baloncesto, y el club IRT para la creación de una escuela de formación del deporte de la canasta en la ciudad norteafricana. Se trata del primer proyecto que una federación deportiva española desarrolla fuera de sus fronteras, y nace gracias a un acuerdo previo con FIBA África.
La idea es hacer valer la experiencia adquirida. Sáez recuerda que “la historia reciente del baloncesto español, que nos acredita como Campeones del Mundo, nos obliga a trasladar nuestra experiencia y nuestros conocimientos a aquellos países que deseen aprender y mejorar en este noble deporte”. A otros entornos menos favorecidos para el desarrollo deportivo, como es el caso de Tánger. Esto es, el valor de la práctica deportiva como herramienta de integración social y elemento educador a través del método FEB.
Apenas media hora después de la rúbrica del convenio, los caminos de Sáez y de Hamid se cruzaron bajo el techo del pabellón del club IRT. Graderíos a cada lado de las líneas de banda de la pista y un marcador electrónico presidiendo la pared de uno de los fondos. Una instalación con capacidad para unos 1.500 espectadores que recuerda más bien a un garaje con gradas y parquet que no a la pista que acoge los partidos del actual líder de la liga marroquí.
Allí, Hamid y sus compañeros seguían tirando a canasta y correteando mientras el dirigente y su séquito pudieron comprobar las precarias condiciones con las que cuentan en Tánger en particular, y en el continente africano en general, para la práctica del baloncesto.
A largo plazo, superar el eslabón que separa las infraestructuras de uno y del otro lado del estrecho se antoja clave para liberar a los practicantes de baloncesto -6.000 federados en Marruecos- de un esfuerzo suplementario que les permita conseguir un alto nivel competitivo, comparable al europeo. De hecho, paseando por Tánger no es extraño ver algunas canchas al aire libre cuyos extremos tienen colocada la estructura metálica para sustentar el tablero, pero carecen de él y, por lo tanto, de aro.
A esta intención de paliar el déficit material hay que añadirle una metodología de trabajo concreta. Entonces, ¿cómo se traslada a la práctica la rúbrica del acuerdo? Pues el modus operandi ya está definido, según detalla Joaquín Brizuela, miembro del gabinete técnico de la FEB y responsable del proyecto de Tánger. “Primero de todo, hay que hacer una evaluación inicial para ver donde estamos, y entonces elaborar un borrador de un plan de trabajo”.
Lo que es seguro es que se trabajará en diversas facetas como son la formación de entrenadores a nivel de objetivos técnicos, organización competitiva, estamento arbitral y estructura de club. En relación a los menores, se hará hincapié en los aspectos de convivencia, disciplina, respeto y compañerismo. Unos valores que, según Brizuela, “hacen del deporte una herramienta de mejora humana, social”.
En este sentido, el técnico realizará viajes periódicos, cada 2 meses aproximadamente, para supervisar y comprobar la evolución de la escuela deportiva. La evolución de un Hamid que, para entonces, probablemente habrá mejorado ya su acierto en el tiro a la par que sus pautas de convivencia. Tal como apunta Brizuela, “la clave es que los niños se diviertan; ello lleva a la mejora deportiva, pero también a la social, ya que deben aceptar las normas que les imponemos si quieren seguir disfrutando con el baloncesto
Por ahora, el proyecto implantado en Tánger tendrá una duración de dos años. Es el tiempo estimado para resultar el empujón deportivo que todo plan necesita para arrancar y consolidarse. Aunque Sáez destacó, no obstante, que se trata de “un convenio con vocación de permanencia”.
En cualquier caso, sin olvidarlo, queda en un segundo plano el objetivo de poder sacar alguna gran figura del baloncesto. Aunque nunca se sabe, y, tal como vaticinó el presidente de la FEB, “estoy absolutamente convencidode que gracias a este acto de hoy (por el pasado martes) muy pronto, en Europa, tendremos más de una figura jugando en nuestras canchas con apellido marroquí”. Quizás algún día un Hamid, risueño, nos deleite con sus triples sobre la bocina, asistencias inverosímiles y mates espectaculares.